La niña que adoraba una sábana
6 marzo 2010
Su sábana era su bien más preciado y la protegía con uñas y dientes, como si su vida se apagara en caso de que algo o alguien la mancillara.
Son tantos los momentos vividos entre la niña y su sábana que era un tesoro. Su tesoro.
Algo único, infravalorado por los demás, por la plebe, por gente sin escrúpulos y sin alma, por pobres individuos que sólo ven un trozo de tela, por anormales que no aprecian diferencia alguna entre lo cotidiano y lo verdaderamente importante para el buen desarrollo de una vida sin complicaciones ni baches.
Hago un llamamiento a toda la humanidad para que adoremos su sábana, para que la cuidemos y entre todos podamos darle el trato que se merece.
¿Que cual es ese trato?
Ninguno, sólo mirarla, y si puede ser, de lejos.
P.G.A.